la proyección de luz siempre ha tenido para mí un carácter sugestivo, que me ha hechizado ya desde niño, cuando mi abuelo me llevaba al cine y, una vez comenzado el espectáculo, me metía entre las filas de butacas tratando de rozar las siluetas que cambiaban continuamente al paso de los fotogramas, como si obedeciesen al movimiento de mis dedos.

la obscuridad de las salas cinematográficas fue el primer lugar en que maduré la percepción del dinamismo de la luz que puede brotar de una bombilla.

me extasiaban las paredes que cambiaban de color, se transformaban, se movían, o los altramuces que cambiaban de color en mis manos, o los rostros de las personas que tenía al lado, en cuyos rasgos el movimiento de la luz iba delineando las escenas de la película.

observando la luz que la película esparcía, perdía la noción de su contenido, como quien se absorbe en contemplar el fuego de una chimenea.

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mario nanni progettista